Calando “Los Romances”

Muchas fueron las mujeres que se dedicaron al delicado oficio del calado para contribuir a la economía familiar. Durante la primera mitad del siglo XX, los calados canarios tuvieron una gran aceptación en el norte de Europa, especialmente en Inglaterra, donde se exportaba gran cantidad de los trabajos realizados en esta parte de la isla.

Mientras se realizaban espiguetas y rosetas, en los grandes bastidores colocados en el patio de la casa o en la habitación habilitada para ello, la mujer canaria no dejó de cantar y recitar el gran repertorio romancístico aún existente en Canarias.

Los Romances.

Los romances son poemas característicos de la tradición literaria española, ibérica e hispanoamericana. Se popularizaron en el siglo XV con la recopilación por escrito, en los denominados Romanceros.

Sobre los orígenes del romance, nos centramos en la postura de Ramón Menéndez Pidal, gran recolector del romancero tradicional en el siglo XX. Su teoría “neotradicionalista” llega a la conclusión de que los romances habrían surgido de las grandes epopeyas medievales o cantares de gesta, tales como el “Cantar de Mio Cid”. Estos cantares o epopeyas no fueron cantados por los juglares tan solo ante la aristocracia, sino que circulaban entre el pueblo llano, que los memorizaba, los repetía y cantaba entre sí. De esta manera se trasmitieron de generación en generación, sobreviviendo aquellos fragmentos que causaban mayor interés; incluso se mezclaron entre ellos, naciendo nuevas variantes.

Esta fragmentación de los originales cantares de gesta o epopeyas, nace de los mismos juglares que, en ocasiones, cantaban en público y por separado  pasajes que de por sí solo constituían una historia.

En el caso español, hablamos de un grupo de poemas cortos, fragmentados de los cantares de gesta castellanos a partir del siglo XIV, y transmitidos de forma oral hasta la actualidad.

De forma muy simple, podemos dividir los romances entre:

Romancero viejo: proviene especialmente del siglo XV y XVI.

Romancero nuevo: surge a partir de finales del siglo XVI donde algunos autores empiezan a imitar a los romances viejos. Estos se transmiten de forma escrita.

La temática sobre la que tratan los romances gira en torno a la religión, la guerra, el amor, etc.

Los Romances en Canarias.

El romancero tradicional llega a Canarias con la conquista. Así lo suponían los estudiosos, entre ellos, Menéndez Pelayo, que ya a finales del siglo XIX pensaba que sería de gran interés el estudio del romancero en las islas, “para esclarecer múltiples puntos en el romancero peninsular, y para explicar las más antiguas tradiciones emigradas a América”. A pesar de ese interés por el romancero en Canarias, su estudio comienza mucho más tarde.

En 1904 Ramón Menéndez Pidal insta al estudio del romancero insular, pero este genera unos pocos frutos. No sería hasta 1920 cuando comienzan las primeras recolecciones de romances en las islas. De esta primera etapa destaca el trabajo de Pérez Vidal “Romancero Tradicional Canario (isla de La Palma)”.

 En una segunda etapa, nos encontramos con “La Flor de La Marañuela”, impulsada y coordinada por Diego Catalán, Catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de La Universidad de La Laguna, quien anima a sus alumnos al estudio del romancero canario, generando una gran recolección que unida a los trabajos de otros autores, conforma esta gran obra de dos tomos editada en 1969. En ella encontramos gran número de romances recogidos en el Valle de La Orotava.

A partir de 1980 hablamos de una tercera etapa recolectora, donde destaca indiscutiblemente la figura de Maximiano Trapero, autor de numerosas publicaciones, artículos periodísticos, etc.

Aunque el estudio del romancero en las islas ha sido desigual, Maximiano Trapero, no duda en asegurar que: es La Gomera la isla que ostenta la mayor riqueza de romances debido a la “permanente manifestación y la intensísima presencia que tiene los romances en la vida social de los gomeros”.

 No tenemos que olvidar que en el baile del tambor gomero, es seguramente el último baile romancesco de España y el último testimonio del romance como género festivo de toda una colectividad.

Romances Recogido en La Orotava por                                                      la Agrupación Folklórica Oroval.

El repertorio romancístico recogido en este trabajo de la A. F. Oroval, era atesorado por tres hermanas vecinas del barrio de la Piedad (Villa Arriba): Candelaria Pérez Cabrera (Lala), nacida en el año 1940; Rosa, nacida en 1942; y Concha, nacida en 1944.

Vivieron en el seno de una familia muy humilde. Su padre, Santiago Pérez Martín – “Jesús El Salero”-, durante temporadas se dedicaba a la construcción y otras al trabajo de la platanera; su madre, Agustina Cabrera Cruz – “Lola La Galana”-, era una gran costurera según nos relata su hija Candelaria (Lala).

 “Ella realizaba el terno completo, hacía lonas con los retales de tela que le sobraba, remendaba …”

Sus hermanos mayores se levantaban en la madrugada (allá por las cuatro o cinco de la mañana) y tiraban para el monte: Las Cañadas, El Filo…, en busca de leña que bajaban cargando al hombro para luego venderla.

En el caso de Candelaria y Rosa, poco pudieron ir a la escuela, ya que, desde pequeñas, teniendo una siete años y cinco la otra, dispuso su madre que empezaran a calar en manos de Juana Josefa Pérez Cáceres – “Juana La Ramblera”-.  Esta nació el 12 de julio de 1907 en El Rosario (San Juan de La Rambla), de ahí su apodo. Su madre Josefa Cáceres, natural de Icod de Los Vinos, se dedicaba a la costura, y gran parte de su trabajo lo realizaba en La Orotava: en la casa de María Fuentes (San Juan) y en la casa de Fausto (calle de Los Tostones). Son Fausto y su mujer, debido a la relación de amistad que surge con Josefa Cáceres, quienes le regalan una casa en la calle Las Flores nº5 (La Piedad), ya que la mayoría del trabajo lo tenía en La Orotava y era un inconveniente el tener que venir todos los días desde San Juan de La Rambla.

Además, el marido de Josefa Cáceres había emigrado para Cuba y ella había quedado sola al cargo de sus cinco hijos, dos niños y tres niñas, siendo Juana “La Ramblera” la más pequeña. Esta, con tan solo dos años, se viene con su familia a vivir en La Orotava y, desde muy pequeña, comienza a aprender a calar en un taller de calados situado en la esquina de la calle El Cantillo con la calle León, “Los Tostones” (La Orotava), regentado por las hermanas Padrón (Carmen y Mariquita).

Según nos comenta su hija Josefina -una de nuestras informantes- creemos que haya sido en esos talleres donde su madre comenzó a aprender el amplio repertorio de romances que durante años entonó y enseñó a sus alumnas en su propio taller de la calle Las Flores (La Piedad). Además, era muy amiga de recitar refranes, adivinanzas y trabalenguas. Cuando ya era algo mayor y la espalda no la dejaba calar durante mucho tiempo, entretenía al resto de mujeres con hermosas lecturas ya que, según su hija, leía con gran facilidad. Juana fallece en La Orotava en 1989.

En el caso de las hermanas Pérez Cabrera, “Las Galanas”, al mismo tiempo que aprendieron a calar con Juana, iban memorizando su gran repertorio de romances, y muchos de ellos los recuerdan hoy en día desde principio a final, están retenidos en su memoria.

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